Rubén Bonifaz Nuño (Traductor)
“El amor, siendo la fuerza primera donde se apoya el crecimiento ordenado del universo, busca en última instancia la realización de las cosas y de si mísmo” (Introducción en Ovidio, _Metamorfosis_, México: UNAM, 1979)
“Píramo y Tisbe, el mas bello de los jóvenes, uno;
la otra, la preferida de ls niñas que tuvo el Oriente,
contiguas tuvieron sus casas, donde se dice que la alta
urbe con ladrillos cocidos había ceñido Semíramis.
La vecindad, hizo el conocimiento y los pasos primeros;
creció el amor con el tiempo; aun las teas por derechos se unieran,
mas lo vedaron los padres; lo que vedar no pudieron:
por igual ardían ambos con sus mentes cautiva.
Todo cómplice dista, hablan por el gesto y las señas,
y cuanto más se cubre, tanto más se agita el fuego cubierto.
Cortada estaba por tenue rendija, que un día tomara
cuando era hecha, la pared común a ambas casas.
(¿qué cosa no siente el amor?), los primeros visteis, amantes,
y lo hicisteis camino de la voz,y por él las blandicias,
seguras, transitar con mínimo murmullo solían.
A menudo, cuando se tenían Tisbe de aquí, de allí Píramo,
y había sido captado por turno de su boca el aliento,
decían: ‘Pared envidiosa, ¿a qué los amantes estorbas?
¿Cuánto era que con el cuerpo entero nos dejaras unirnos,
o, si esto es demasiado, al menos para dar besos te abrieras?
Y no somos ingratos; deberte confesamos nosotros
que se dio tránsito a las palabras hacia amigas orejas.
en vano en diversa sede tales cosas hablando,
bajo la noche dijeron adiós, y cada uno a su parte
dieron besos que no habrían de llegar hasta enfrente.
La siguiente aurora había removido los fuegos nocturnos,
y el sol con sus rayos las escarchadas hierbas secado;
al lugar usual fueron juntos. Allí con parvo murmullo
macho quejándose antes, deciden que, en la noche silente,
tratarían de engañar alos guardias y salir de las puertas,
y que, al partir de la casa, aun dejarán los techos de la urbe;
y porque en el lato campo no hayan de errar caminando,
reuniríanse en las tumbas de Nino y celáranse a la sombra
una alta morera, estaba, confín a una gélida fuente.
Los pactos placen; y la luz, que tarde parecía retirarse,
se hunde en las aguas, y sale de las mismas aguas de la noche.
Hábil entre las tinieblas, Tisbe, el gozne girado,
sale y engaña a los suyos y, cubierta el semblante,
llegó al túmulo, y bajo el árbol dicho sentóse;
audaz la hacía el amor, Ved que viene una leona, manchada
las espumantes fauces de reciente matanza de bueyes,
a deponer su sed en la onda de la fuente vecina.
La babilonia Tisbe, a los rayos de la luna, de lejos
la vio, y hacia el antro oscuro huyó con pie tímido;
y mientras huye, a su espalda dejó sus velos caídos.
Cuando la leona cruel reprimió su sed con onda abundante,
los tenues mantos acaso hallados mientras vuelve a las selvas,
sin aquella misma, desgarró con su hocico cruentado.
Habiendo salido más tarde, en el hondo polvo las huellas
ciertas de la fiera vio, y palideció en todo su rostro,
Píramo; mas cuando también la veste de sangre teñida
encontró: ‘Una sola noche pierde –habló– a dos amantes,
de los cuales, dignísima de una luenga vida fue ella.
Nuestra alma es culpable; yo te aniquilé, miseranda,
que a los sitios plenos de miedo mandé que de noche vinieras,
y no vine aquí el primero. Destrozad nuestro cuerpo
y las criminales vísceras tragad con fiero mordisco,
oh, cualesquier leones que bajo esta roca habitáis.
Mas desear la muerte, es de un tímido.’ Los velos de Tisbe
alza y lleva consigo hacia la sombra del árbol pactado,
y cuando lágrimas dio a la conocida veste. dio besos:
‘Recibe ahora –habló– también de nuestra sangre los tragos.’
Y envió a sus ijares el hierro que se había ceñido,
y no ha demora: lo sacó de la hirviente herida, muriendo,
y yació boca arriba en el suelo; brinca alto la sangre,
no otramente que cuando el tubo de plomo viciado
se escinde, y por tenue estridente abertura luengas
aguas arroja, y rompe con sus golpes el aire.
Con el rocío de la matanza, los frutos arbóreos en negra
faz se vuelven, y la raíz, humedecida de sangre,
tiñe de purpúreo color las moras pendientes.
Ved que aún no depuesto el miedo, para no engañar a su amante
ella regresa, y busca al joven con los ojos y el ánimo,
y cuán grandes peligros haya evitado, anhela narrarle;
y aunque el lugar y conoce en el árbol visto la forma,
así la hace incierta el color del fruto; si sea éste, pregúntase.
Mientras duda, ve los temblorosos miembros que el cruento
suelo pulsan, y hacia atrás el pie llevó, y los rostros más pálidos
teniendo que el boj, se estremeció a la manera del mar,
que tiembla cuando es su sobrehaz por aura exigua oprimida.
Mas después que remorándose conoció a sus amores,
con ruidoso golpe sus inocentes brazos percute
y deshecha las trenzas y el amado cuerpo abrazando,
volvió a calmar las llagas con lágrimas, y el llanto a la sangre
mezcló, y fijando sus besos en los gélidos rostros:
‘Píramo –clamó–, ¿te me ha quitado qué caso?
Píramo, responde; a ti tu carísima Tisbe
te nombra; óyeme y levanta los rostros yecentes.’
Al nombre de Tisbe, los ojos por la muerte agravados
Píramo levantó, y volvió, habiéndola visto, a cerrarlos.
Ella, después que su veste reconoció y de la espada
vio vacío el marfil: ‘¡Tu mano a ti –profirió– y el amor,
oh infeliz, te perdieron! Tengo fuerte aun yo en esto solo
la mano, y tengo amor; dará éste, para las llagas, las fuerzas.
Te seguiré extinto, y de tu muerte seré dicha misérrima
causa y compañera; y tú, que por la sola muerte arrancado
ser de mí, ¡ay!, podías, ni por la muerte podrás serme arrancado.
Esto, empero, os sea rogado por las palabras de ambos,
oh, míos y de aquel, en gran manera míseros padres,
que a esos a quien el cierto amor, a quien unió la última hora,
no neguéis que sean puestos, en el mismo túmulo, juntos.
mas tú, árbol que con ramas el miserable cuerpo de uno
cubres ahora, el de dos habrás de cubrir en seguida,
señas retén de la matanza, y oscuros y aptos a lutos
ten siempre los frutos, monumentos del crúor gemelo.’
Dijo, y adaptada la punta bajo la base del pecho,
se echó sobre el hierro, que aún por la matanza entibiábase.
Sus votos, empero, a dioses tocaron, a padres tocaron;
pues, cuando maduró, el color en el fruto es negruzco,
y lo que sobrevive a los rogos, en una urna descansa”.